miércoles, 2 de marzo de 2011

de dos, uno

habiendo acabado de leer a olavia, pensé en escribir, y dos ideas súbitas acudieron a mí al mismo tiempo. este es un intento de darle cuerpo al suceso, de hacerlo existir en este mundo. pero es ante todo Uno, y no dos, como en realidad me ocurrieron, es decir, debo partir de la resignación a que esto que quedará no será igual o mayor a la suma de mis ocurrencias.

uno ya no tenía que ver con la historia de olavia. a través de algún recorrido perdido ya, llegué a querer recordar algo que había sucedido hace poco, digamos dos semanas. digamos, porque ya no me acuerdo con exactitud. y es de esto precisamente de lo que se trataba mi experiencia, y lo que me dije luego. no podía recordar eso tan cercano. quiero decir, no podía recordar los detalles. claro que recordaba que Eso había sucedido, sin dudas. y claro que recordaba los personajes, y que los personajes se habían relacionado de cierta forma y sus rostros y el escenario. eso lo puedo recordar. pero es como recordar un sueño. los personajes en el escenario en mi recuerdo no hablan. están ahí, como una fotografía en holograma, que hace como que se mueve, pero todos sabemos que no se mueve y que por más que le cambies el ángulo para mirarla no encontrarás más detalles que lo que la segunda dimensión puede ofrecer. de eso se trata esta historia, la perdida de la dimensión que ocurre cuando mi vida pasa a estar en mis recuerdos. y esa dimensión perdida es la de los detalles, la que le da historias complejas a los personajes y hace de ellos una novela, y no la sinopsis o el outline que recuerdo. la dimensión perdida lo que se lleva es la profundidad y me deja mirando por una vitrina, me saca de mi ser, la memoria.

y este triste hecho de no poder recordar con detalles, como si se tratara de una historia para niños en donde todo es simplificado y lo más que se puede decir de los personajes es quien es bueno y quien es malo, me hace pensar que vivo una vida para otro. vivo una vida para que todo lo que vivo llegue a hacer parte de otro que no soy yo, un otro que me habita y que se enriquece a costa mía. ese otro es el que se queda con todas mis experiencias, y el que no me deja sino los sobrados de lo que vivencio. y yo vivo para él, para alimentarlo, y me gustaría que no fuera así, pero no sé cómo. porque todo lo que vivo le queda a él, y yo me quedo aquí sin recordar mayor cosa, sólo los rostros, los escenarios, pero no las palabras o la complejidad propia de las cosas. él se alimenta de mí y crece, y yo me siento como su esclavo. mi historia y mi memoria son suyas, lo que podría nombrar como yo, es él. por eso, supongo ahora, debe ser que tantas cosas pasan conmigo sin que yo sepa qué. es él el que vive entonces, cuando hago algo y me pregunto por qué y no me respondo, es él. es él que a través de mí accede a este mundo y actúa, y yo lo observo. y es que es lo único que puedo hacer. o bueno, quizás una observación más detenida, como la que surge de las letras, me pueda ayudar a trascender este estado de testigo.

releo mis ultimas lineas y no comprendo cómo el observar puede cambiar mi posición de observador. cambiaría la calidad de la observación, sí. más atención, menos atención, claro. pero no la acción, eso no. tal vez pensaba en que si comprendiera mejor el mecanismo del ser que me habita y que se alimenta de mi vida, podría quizás malobrarlo, interrumpir su funcionamiento, sabotearlo y obligarlo a colapsar, a que salga. quizás pienso que esa observación podría descomponerlo, desarticularlo, y que una vez así podría desecharlo de mi cuerpo como un residuo, como un tumor que ya no hace nada. el problema es que en el camino pueda hacer metástasis, que se revele a mi aniquilación, que no quiera dejarse extraer, renunciar a su existencia para devolverme la mía, que no quiera que las cosas cambien, porque significaría muy probablemente su fin. el problema sería que no quiera morir, y ninguno queremos, verdad.


la otra ocurrencia súbita es que a diferencia de olavia, y de muchos que comparten la pasión por las letras, yo no tuve una familia inclinada a las letras o a las artes. a diferencia de todos ellos yo no tengo recuerdos o imágenes de gente grande en mi infancia que disfrutara de estar estático ante una tabla de hojas cosidas. yo no podré decir que de una experiencia tal en mí nació el interés por las letras, que de un descubrimiento así yo sentí curiosidad y entonces nació mi historia de lector. no, yo no soy de esos.

en cambio puedo decir que mi historia de lector nació con la soledad. nació antes de que leyera cualquier cosa, por una vieja costumbre que tengo de hablar solo. y es que en la soledad no queda de otra, toca hablar solo. y quizás esto si lo aprendí de alguien, quizás alguna vez si vi un dibujo animado en que algún personaje hablara sin mover los labios y, mientras, la cámara se concentraba fija en su rostro o cabeza. tal vez si vi esos personajes alguna vez y me di cuenta de que se podía hablar sin producir ningún sonido, pero que entonces sólo yo me podría escuchar. lo bueno es que mis palabras conservaron mi tono de voz aun sin sonidos.

quizás fue en este punto en donde nació ese otro dentro de mí y las dos ideas que en este mundo sólo pueden expresarse separadamente, pero que en mi interior se presentaron como una unidad, si estaban después de todo relacionadas.