la imagen que me devana la atención hace algunos días es la de una cazadora de imagenes. el artefacto fue creado como un intento de consolar ese deseo humano tan antiguo de detener el tiempo, de luchar contra la muerte, su muerte, su finitud. y el intento resultó en alcanzar esa eternidad al menos en capturas de luz que entrarían en dimensiones distintas habiendo nacido de la misma realidad que los hombres habitan. el viaje que pudo desde entonces hacer la luz, desde la realidad hasta el cuadro de resistencia temporal inaudita, fue para los pobres hombres, que seguían viendo frustrados sus deseos de hacer este viaje, un pequeño alivio, una medicina contra una enfermedad incurable.
pronto el sentido original de esta medicina, que empleaba una caja para capturar la luz y un ángulo de la realidad, salió de foco para darle paso a la medicina misma y sus efectos. pronto devino un arte y poco le importó a los más nuevos novatos el origen, porque lo que ahora permitía era mágico: crear nuevas realidades, en la forma de un collage, a partir de esos trozos que la capturadora atrapaba.
las nuevas realidades posibles a través de los nuevos medios llegaron a ser la materialización de esa sospecha tan vieja como la curiosidad: que ahí afuera, en la realidad que pisan los mortales, pasa más de lo que comúnmente se acepta como sucesos. pasan cosas que sólo son aprehendibles desde ciertos ángulos, con ciertas miradas y en ciertos segundos. certitudes que se ven ahora destinadas a sostener la existencia de los nuevos artistas, que como héroes se lanzan a arrancar de la realidad esas visiones ocultas, que no son facilmente visibles pero que están ahí. de verdad, mírelas, ahí.
y es quizás este mismo carácter de búsqueda de lo oculto, de caza, de persecución, lo que torna la acción simple de desencadenar el mecanismo de congelamiento de la luz en algo a lo que rehuyo. lo hago porque mi sensibilidad siempre me obliga a ver más, siempre más y mucho más, de lo que otros ven, o que se acepta como ahí-estante. y la Masitud que siempre consigo encontrar en el mundo no puede sino tocarme, porque la perturba haber sido despertada por mí. me toca y me invade, extiende su extremidad en dirección mía, me alcanza y una vez en su poder, presiona y presiona hasta cambiar mi forma, moldearme sin propósitos formales definidos como un niño que presionara insensiblemente un trozo de barro. porque la realidad es un niño, y esto es algo que está escondido y a esto me refiero con que puedo ver cosas que están ahí, pero que para otros no son tan evidentes.
sábado, 6 de noviembre de 2010
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