creo que mi desanimo o irresolución a la hora de publicar en este espacio tiene que ver con su naturaleza caotica. cuando creé chispas de días pensé en que sería un lugar donde podría publicar cualquier cosa digna de ser elaborada en una narración. pero ese cualquier nombra precisamente esa vaguedad -e incertidumbre- que acompañaban toda intención de publicar.
pensaba algo así como: esto que me pasó me intriga por esto y esto. de ellos puede que encuentre algo en tal situación, emparentada con ese recuerdo de aquella vez. está bien, escribamoslo. o será mejor escribir de la sensación? o sólo el recuerdo? o quizás la situación social que lo provocó. porque al fin y al cabo esto nació de mi contemplación de ese hecho en particular. si, si, de esa forma lograría superar esa barrera del subjetivismo absoluto y mis palabras podrían hacer más que decirme algo sólo a mí. escribamoslo. o no? de todas formas nadie me lee.
en fin, algo así pasa(ba) por mi cabeza al considerar la escritura en este sitio. creo que además del caos temático (a lo que quería apuntar con divide et impera, pero que ya no sé donde irá a parar), se vislumbra en estas palabras esa certidumbre de no ser leído. a este respecto quiero verme como mi primer lector. si logro conseguir eso creo que será suficiente para publicar ocasionalmente, cuando me piquen los dedos. pero lograr mi afición es algo harto dificil. creo que ese es el más grande reto que me pongo. y para empezar a intentar cumplirlo obataré por un poco de orden, de civilización.
procuraré proyectar esa doma que esta realidad ha hecho en mí a este espacio. es decir, en chispas de días continuaré escribiendo lo que suceda en mi alma principalmente. será algo tipo diario y el tono será siempre algo reflexivo, una busqueda de lo que subyace mi desenvolvimiento contidiano en este mundo. tengo muchos otros intereses o componentes de mi vida (en verdad no son tantos y ni siquiera puedo pensar en uno especifico ahora, pero sé que por ahí andan, algo me dice), pero estos intereses o pedazos de mi vida tendrán su propio espacio, bautizados y ritualizados como se merecen. eso me gusta, ritualizarlos. eso les faltaba antes, antes que eran esa cosa vulgar que compartía costal con esas otras cosas. haré algo parecido a empacar una coca de comida al estilo japones. colores allí y allá, pero en un dialogo en que no todos hablen al mismo tiempo.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
domingo, 27 de septiembre de 2009
tarde libre(?)
Ya no habría clase por el resto de ese día. La biblioteca estaba cerrada y era probable que ya hubieran dado la orden de evacuar la U. no tenía hambre pero quería comer algo, algo dulce; quizás con arequipe o chocolate. Este deseo se convierto en el camino en un capricho obstinado por un Napoleón. La tienda de los postres estaba cerrada. La maldije y renuncié a mecatear. Era napoleón o nada, desde que su nombre se definió en mi mente era él o nada. Si hubiera comprado algo más en ese momento habría sabido que era sólo una consolación y uno lo disfrutaría tanto. Salí de la universidad y pensé en las alternativas. Estaba temprano y podía ir a comprar esa novela rusa que esperaba no hubieran vendido en la anticuaria del séptimo piso. Quería comprar algo, el capricho por el Napoleón fue reemplazo por el capricho del libro. Parece que en el fondo se trataba de lo mismo; libros o comida tenían la misma función en mi vida.
Salí del edificio un poco agitado y no tan satisfecho como esperaba. El ascensor no llegaba y decidí bajar las escaleras, pero siete pisos son siete pisos. Mi insatisfacción tenía que ver con lo que compré: el doctor Zhivago que había ido a comprar y, además, un libro de cuentos irlandeses (lo compré sólo por que recordé a Joyce, pero ni siquiera me fije en autores o fechas, ese libro era Joyce y yo tenía que poseerlo). Estaba un poco aburrido por reconocer en ese libro de cuentos a ese deseo tan ajeno a mí, ese que tanto me suele dominar. Es un deseo que está dentro de mí pero no soy yo, él me posee y la forma de manifestarse es hacerme poseer a mí otras cosas. Es como si yo con esa posesión emulara lo que él hace conmigo. No sé esto que significa, pero me siento como un eslabón que continúa una sucesión desconocida.
Esa tarde me la pasé leyendo al doctor Zhivago. Leía con mucho fervor, por muchas horas seguidas (algo bastante infrecuente gracias a mi particular facilidad para distraerme después de media hora de concentración). En esas horas tenía un aliciente espcial para poder leer tanto: sabía que no volvería a tocar al doctor Zhivago por algún tiempo (conociendome, sabía que se trataba de meses). La cosa es que después de esa tarde extraordinariamente libre volvería a mi horario y costumbres habituales. Ya no tendría espacio para el doctor Zhivago en mi vida. Digo no tendría porque si hubiera querido meterlo a como diera lugar, habría tenido que quitarle tiempo a otras actividades. Quizás habría tenido que descuidar un poco a Cortazar o a las tontas materias de la U. Menciono estas cosas porque al alemán era definitivo que no le quitaría tiempo. Pensando en cómo hablaba de darles tiempo a las cosas veía ese Dar como algo que yo pagaba. Yo debía dar, les tenía que dar algo (que quizás les debía).
Pensar en que le debo algo a alguien y que lo pago ofreciendo mi tiempo en sacrificio, con medidas e intervalos fijos, me asusta. Me asusta no saber a quién le debo o cual es mi deuda. Me asusta pensar que lo que yo creía mi vida o mi pasión, lo que yo decía mi libre elección, es solo una pieza más de un sistema que no conozco. Me pregunto si el sistema será más grande que yo o más pequeño. Lo que sí sé es que el sistema me necesita para poder alterar la realidad. Yo soy su médium.
Salí del edificio un poco agitado y no tan satisfecho como esperaba. El ascensor no llegaba y decidí bajar las escaleras, pero siete pisos son siete pisos. Mi insatisfacción tenía que ver con lo que compré: el doctor Zhivago que había ido a comprar y, además, un libro de cuentos irlandeses (lo compré sólo por que recordé a Joyce, pero ni siquiera me fije en autores o fechas, ese libro era Joyce y yo tenía que poseerlo). Estaba un poco aburrido por reconocer en ese libro de cuentos a ese deseo tan ajeno a mí, ese que tanto me suele dominar. Es un deseo que está dentro de mí pero no soy yo, él me posee y la forma de manifestarse es hacerme poseer a mí otras cosas. Es como si yo con esa posesión emulara lo que él hace conmigo. No sé esto que significa, pero me siento como un eslabón que continúa una sucesión desconocida.
Esa tarde me la pasé leyendo al doctor Zhivago. Leía con mucho fervor, por muchas horas seguidas (algo bastante infrecuente gracias a mi particular facilidad para distraerme después de media hora de concentración). En esas horas tenía un aliciente espcial para poder leer tanto: sabía que no volvería a tocar al doctor Zhivago por algún tiempo (conociendome, sabía que se trataba de meses). La cosa es que después de esa tarde extraordinariamente libre volvería a mi horario y costumbres habituales. Ya no tendría espacio para el doctor Zhivago en mi vida. Digo no tendría porque si hubiera querido meterlo a como diera lugar, habría tenido que quitarle tiempo a otras actividades. Quizás habría tenido que descuidar un poco a Cortazar o a las tontas materias de la U. Menciono estas cosas porque al alemán era definitivo que no le quitaría tiempo. Pensando en cómo hablaba de darles tiempo a las cosas veía ese Dar como algo que yo pagaba. Yo debía dar, les tenía que dar algo (que quizás les debía).
Pensar en que le debo algo a alguien y que lo pago ofreciendo mi tiempo en sacrificio, con medidas e intervalos fijos, me asusta. Me asusta no saber a quién le debo o cual es mi deuda. Me asusta pensar que lo que yo creía mi vida o mi pasión, lo que yo decía mi libre elección, es solo una pieza más de un sistema que no conozco. Me pregunto si el sistema será más grande que yo o más pequeño. Lo que sí sé es que el sistema me necesita para poder alterar la realidad. Yo soy su médium.
sábado, 26 de septiembre de 2009
tener personalidad
ya no recuerdo como llegó a mi soliloquio eso de "tener personalidad". lo cierto es que de ahí siguió en mi mente que esa expresión que tanto escuché en mi niñez-juventud era, en realidad, una de esas cosas que nos introduce irremediablemente en esta cultura. con esa incitación "tenga personalidad", lo que nos decían era no seas como ese o aquel, no te dejes influenciar. esto lo decían sólo cuando a su juicio estabamos imitando una conducta censurable. esta despectiva frase nos mostraba cuales partes de la trocha no hacían parte del buen camino. y nosotros, tan ávidos de cariño, hacíamos caso con tal de no perder la aprobación de esas personas. tenga-personalidad era como un regalo. tenga, me decían, y me daban una membresía para pertenecer a su grupo, a su mundo.-tenga, y de aquí en adelante ya sabe que no se mete por allá o por otras partes, sino por aquí.
en estas cavilaciones me dió por nombrar esto como una de esas cosas que me hacen colombiano. y cuando digo colombiano me refiero, tristemente, al pedazo de colombia que se me ha dado conocer en profundiad; este valle que por algún tiempo he visto como una gran caldera en la que estoy para ser devorado un día. decía que ese rechazamiento de las otras personalidades, de eso que no debía imitar para ser aceptado, se me hace una suerte de reduccionismo que niega todo el resto. esa reducción quizás haga las cosas más sencilla o con más sentido, pero niega la diversa realidad. ese deber tener personalidad me constriñe a no querer comprender qué pasa o cómo son esas otras personalidades; me dice, para qué se va a ir por allá a probar cosas raras si aquí lo tiene todo. dice, estoy bien como estoy, los malos son ellos. la bondad necesita siempre a alguien a quien acusar para poder definirse.
en estas cavilaciones me dió por nombrar esto como una de esas cosas que me hacen colombiano. y cuando digo colombiano me refiero, tristemente, al pedazo de colombia que se me ha dado conocer en profundiad; este valle que por algún tiempo he visto como una gran caldera en la que estoy para ser devorado un día. decía que ese rechazamiento de las otras personalidades, de eso que no debía imitar para ser aceptado, se me hace una suerte de reduccionismo que niega todo el resto. esa reducción quizás haga las cosas más sencilla o con más sentido, pero niega la diversa realidad. ese deber tener personalidad me constriñe a no querer comprender qué pasa o cómo son esas otras personalidades; me dice, para qué se va a ir por allá a probar cosas raras si aquí lo tiene todo. dice, estoy bien como estoy, los malos son ellos. la bondad necesita siempre a alguien a quien acusar para poder definirse.
viernes, 25 de septiembre de 2009
señorita O
hoy he estado pensando en una de las féminas que suelen ocupar mis pensamientos. pienso en una muy definida que llamaremos aquí señorita O. señorita O de repente a querido ser la soñada en ese trozo recordado cuando desperté esta mañana. por supuesto, la que desea esto es la señorita O que vive en mí, la real no sabe nada del asunto. decía que se moría de ganas por desplazar a esa otra pobre que en verdad no quiero tanto, así que decidí complacer a señorita O, una de mis preferidas. ahora que señorita O se ha convertido en la integrante de mi sueño podré contar lo poco que recuerdo. estaba yo en una sala indeterminada, con luces menos intensas que en el exterior, donde hacía mucho sol. de repente, entra señorita O sonriendo. creo que para ella fue una sorpresa encontrarme adentro. sea como fuera, yo la miré y vi un pedazo de mujer sonriente que me hubiera gustado comerme. tras ella un telon de luz blanca fosforescente, si algo así es posible. la escena no es más. ahora que lo narro es más una imagen, una impresión que quedó en mi memoria de la obra completa. mi facilidad para distraerme u olvidar me han ganado la perdida del resto de la obra. de cualquier forma, ya quedó nombrada señorita O para una posible aventura que intente recontruir la magia de mi obra perdida.
los unos, los otros y el pobre testigo
unos, los de arriba, proponen sacar a los vagos y evitar que los que quedan vaguen. los altos quieren que estemos a la altura de otros más afortunados. sus medios son jugar a "de hombres-optimizar". este juego consiste en tomar los nombres de los integrantes de un grupo y anotarlos en una lista. luego, con una debida organización y fijación de objetivos específicos, calcular cuál sería la mejor forma en que ese humano podría ser más util para otros humanos. el juego no llega a un punto en que se gane o se pierda, porque no tiene fin. si, en cambio, vive en una constante comparación con los otros competidores para determinar su pretigio.
ahora lo que dicen los humanos. siendo humanos no podrán estar nunca todos de acuerdo, así que al observarlos salta a la vista su división. tomaremos primero a los que aceptan el destino del progreso. éstos asumen dicho destino como algo inevitable y, en ocasiones, deseable. miran a los altos con respeto y algunos incluso quieren ser como ellos cuando sean grandes. todos caminan juiciosos sin pisar las rayas que cortan periodicamente el sendero de concreto. todos prefieren la solidez del concreto porque allí se salvan de resbalarse, como sucede en el sucio y a veces humedamente peligroso pasto. los que quedan, el resto, fueron excluídos del primer grupo principalmente por una razon: no aceptar los designios de los altos. algo en este grupo de resagados los retiene en una suerte de naturaleza indomable, que quiere conservar su virginidad. estos particulares seres están dispuestos a ofrecer su integridad en sacrificio por el bien de sus ideales comunes. dicen los voceros que la lucha será la que garantizará el cambio hacia el bien común, y evitará el otro cambio que, según fuentes respetadas, acabará en la perversión. juntos, los pocos, aseguran que no permitirán la toma de posesión de esas otras fuerzas malignas, aun a costa de sus vidas.
lo cierto es que pisar este campo de batalla obliga a pertenecer a un bando, ya que el riesgo de quedarse en tierra de nadie es ser blanco de ambos. la condición posible en estas tierras no puede ser, definitivamente, la reflexión. la flexión posible es, por el contrario, la que aplasta al bando contrario. esto es lo que he observado hasta ahora.
ahora lo que dicen los humanos. siendo humanos no podrán estar nunca todos de acuerdo, así que al observarlos salta a la vista su división. tomaremos primero a los que aceptan el destino del progreso. éstos asumen dicho destino como algo inevitable y, en ocasiones, deseable. miran a los altos con respeto y algunos incluso quieren ser como ellos cuando sean grandes. todos caminan juiciosos sin pisar las rayas que cortan periodicamente el sendero de concreto. todos prefieren la solidez del concreto porque allí se salvan de resbalarse, como sucede en el sucio y a veces humedamente peligroso pasto. los que quedan, el resto, fueron excluídos del primer grupo principalmente por una razon: no aceptar los designios de los altos. algo en este grupo de resagados los retiene en una suerte de naturaleza indomable, que quiere conservar su virginidad. estos particulares seres están dispuestos a ofrecer su integridad en sacrificio por el bien de sus ideales comunes. dicen los voceros que la lucha será la que garantizará el cambio hacia el bien común, y evitará el otro cambio que, según fuentes respetadas, acabará en la perversión. juntos, los pocos, aseguran que no permitirán la toma de posesión de esas otras fuerzas malignas, aun a costa de sus vidas.
lo cierto es que pisar este campo de batalla obliga a pertenecer a un bando, ya que el riesgo de quedarse en tierra de nadie es ser blanco de ambos. la condición posible en estas tierras no puede ser, definitivamente, la reflexión. la flexión posible es, por el contrario, la que aplasta al bando contrario. esto es lo que he observado hasta ahora.
domingo, 20 de septiembre de 2009
pobre magia mia
en la contemplación veo como la magia sólo ocurre en un momento que no es el presente. me espera desde un futuro imaginado o la veo partir como una isla que abandoné. la magia es el vacio del presente que se refugia en otros tiempos y crea este remolino dentro de mí que no se deja señalar. la magia, ella, es la parte bonita de mi soledad, es el amor que celebro. pero viene siempre cerca de la otra, la que daña.
sábado, 12 de septiembre de 2009
la primera vez del grupo
hoy me reuní con los muchachos por primera vez. no todos nos conocíamos entre nosotros, pero un fin común nos había convocado esa noche: cambiar a los colombianos. entendíamos por colombianos la media de personas que podían sostener una conversación con las ultimas polemicas del país, ya en espectáculo, ya en política (la forma de tratar esta no difería demasiado de la primera). queríamos ponerlos a pensar, queríamos que en sus conversaciones diarias ellos pudiera decir más que la parafrasis de palabras ajenas (los generadores de opion, por lo general en mdios masivos).
ahora bien, aunque el fin estaba claro, no lo estaba tanto la forma en que llevaríamos a cabo tal proeza. uno de los integrantes de la reunion propuso que el propio razonamiento de nuestra realidad se despertaba esencialmente con preguntas. es decir, debíamos encontrar modos de hacerles llegar preguntas, preguntas que hagan tambalear la lógica que ellos acceptan para comprender el mundo y, así, inducirlos a formular una explicación propia para esa realidad cuestionada que ya no podría más ser comprendida con el antiguo legado de los generadoeres de opinion.
por otro lado, uno más de los presentes añadió que esta propuesta asumía que las personas aceptarían este cuestionamiento, cosa que no siempre se daba en nuestro medio, en el que lo que más se busca es la tranquilidad y, por tanto, una explicación más o menos simple que se las ofresca, si bien no profunda o crítica o como se la mirase.
parecía, desde ese momento, que cualquier plan que propusieran para cambiar esa mentalidad colombiana tendría que lidiar primero con esa conformidad que parecía axioma.
lamentablemente, en este punto yo me tuve que ir. aun me sigo preguntado por mostrarles a los colombianos que la ortodoxia no es la única forma de comprender una realidad. por ahora, sólo me queda esperar a encontrarme con uno de los participantes allegados que recuente el resto de esa primera noche del grupo (por lo pronto sin nombre).
ahora bien, aunque el fin estaba claro, no lo estaba tanto la forma en que llevaríamos a cabo tal proeza. uno de los integrantes de la reunion propuso que el propio razonamiento de nuestra realidad se despertaba esencialmente con preguntas. es decir, debíamos encontrar modos de hacerles llegar preguntas, preguntas que hagan tambalear la lógica que ellos acceptan para comprender el mundo y, así, inducirlos a formular una explicación propia para esa realidad cuestionada que ya no podría más ser comprendida con el antiguo legado de los generadoeres de opinion.
por otro lado, uno más de los presentes añadió que esta propuesta asumía que las personas aceptarían este cuestionamiento, cosa que no siempre se daba en nuestro medio, en el que lo que más se busca es la tranquilidad y, por tanto, una explicación más o menos simple que se las ofresca, si bien no profunda o crítica o como se la mirase.
parecía, desde ese momento, que cualquier plan que propusieran para cambiar esa mentalidad colombiana tendría que lidiar primero con esa conformidad que parecía axioma.
lamentablemente, en este punto yo me tuve que ir. aun me sigo preguntado por mostrarles a los colombianos que la ortodoxia no es la única forma de comprender una realidad. por ahora, sólo me queda esperar a encontrarme con uno de los participantes allegados que recuente el resto de esa primera noche del grupo (por lo pronto sin nombre).
lunes, 7 de septiembre de 2009
las papas de la UdeA
En los últimos meses hemos perdido las papas-bomba en la UdeA. Yo estoy un poco triste por esta escasez en la cosecha, aunque un gran número de alumnos y directivas están satisfechos y hasta orgullosos del logro.
Contaré por qué estoy trise. Un día cualquiera alrededor del medio día en la U estas en clase o almorzando. De repente suena un estruendo (con eco, no es bala) que te asusta y te saca de esa rutina habitual. Unos se quejan porque el hecho frustrará sus planes de más tarde, otros se alegran porque frustrará un examen de más tarde y yo me alero por el solo hecho de que están tirando papas.
La metáfora de la universidad como un microuniverso que refleja nuestra sociedad es común en el lenguaje que circula en la U. en mi tiempo en la U yo he desarrollado una metáfora similar: la U como reflejo de los sujetos que la componen. En este sentido, cuando escucho papas es como si escuchara a un niño llorar o a un joven gritar. Es una demanda de atención, un estruendo que le dice al orden que hay alguien no satisfecho con la disposición de las cosas, es quizás una forma de rebeldía adolescente de aquellos que no quieren aceptar lo que esta cultura les a entregado.
Siento tristeza con este acallamiento de las protestas porque es un acallamiento de mi propia rebeldía, es el estandarte absoluto de la realidad que las autoridades proclaman como única posible. Lamento, y lamentaré siempre que ese dialogo sea reprimido en aras de una monovisión del mundo, de una realidad en un solo orden, con una sola versión de los hechos.
Las extraño, papas. Extraño su envoltura de aluminio y las manos trémulas que les daba vida. Extraño que unos pocos cientos nos reuniéramos alrededor del desorden, de manera ritual, sin demasiadas palabras, sólo esos cantos infantiles revertidos en contra de las autoridades de turno.
Contaré por qué estoy trise. Un día cualquiera alrededor del medio día en la U estas en clase o almorzando. De repente suena un estruendo (con eco, no es bala) que te asusta y te saca de esa rutina habitual. Unos se quejan porque el hecho frustrará sus planes de más tarde, otros se alegran porque frustrará un examen de más tarde y yo me alero por el solo hecho de que están tirando papas.
La metáfora de la universidad como un microuniverso que refleja nuestra sociedad es común en el lenguaje que circula en la U. en mi tiempo en la U yo he desarrollado una metáfora similar: la U como reflejo de los sujetos que la componen. En este sentido, cuando escucho papas es como si escuchara a un niño llorar o a un joven gritar. Es una demanda de atención, un estruendo que le dice al orden que hay alguien no satisfecho con la disposición de las cosas, es quizás una forma de rebeldía adolescente de aquellos que no quieren aceptar lo que esta cultura les a entregado.
Siento tristeza con este acallamiento de las protestas porque es un acallamiento de mi propia rebeldía, es el estandarte absoluto de la realidad que las autoridades proclaman como única posible. Lamento, y lamentaré siempre que ese dialogo sea reprimido en aras de una monovisión del mundo, de una realidad en un solo orden, con una sola versión de los hechos.
Las extraño, papas. Extraño su envoltura de aluminio y las manos trémulas que les daba vida. Extraño que unos pocos cientos nos reuniéramos alrededor del desorden, de manera ritual, sin demasiadas palabras, sólo esos cantos infantiles revertidos en contra de las autoridades de turno.
domingo, 6 de septiembre de 2009
herida
Acabo de verme una pequeña herida en el codo. Una de las bolitas inevitables en los codos está herida, como si hubieran intentado hacerla explotar. Pero no recuerdo haberlo hecho, o que me molestara incluso su presencia en algún momento.
En momentos cómo éste pienso que no estoy solo aunque haya renunciado a ese sol y ese cielo infantil del exterior. Dentro de mí no estoy solo, y eso me asusta aún más. Mi soledad ha sido mi forma de refugiarme, de defenderme de un mundo que yo no he querido aceptar. Mi soledad ha sido la única que no me juzga y que no espera nada de mí. Cuando me da la gana puedo serle infiel incluso, y mira que bonita ella, no dice nada. Me acoge igual cuando recaigo y me acaricia en la forma en la que un gato.
Pero no estoy solo, y no se trata únicamente de las bolitas del codo. En mi ocurren batallas, amores, ocurre vida que no tiene que ver con otros. Ellos lo suscitan, claro, pero después de esa semilla inicial ellos no saben nada, ellos desaparecen y yo me quedo con su huella dentro de mí, que crece, cambia, vive.
Dentro de mí se desarrolla una versión paralela del mundo, una interpretación de la historia que no se ha escrito y cambia con cada nuevo suceso; historia viva. La realidad ya no me recuerda, ni los seres que amé saben de mí. Los queridos u odiados de mi niñez ni siquiera saben o recuerdan por qué lo son. Yo me los tragué, me los trago enteros para construir este reino dentro de mí, pero ha crecido tanto que ya no me pertenece por completo.
Cuando lo supe empecé a descubrir que el reino en mí no era sólo lo que conocía. Había una parte que había venido creciendo sin que yo lo supiera y que hoy es mi yo que se me opone.
Por un tiempo pensé que debía combatir a este intruso, que el reino conocido debía ser el único existente, pero años de guerras interminables, con-mi(e)go como la única victima, me han convencido de renunciar a tales empresas. Hoy quiero hablar con él, conocerlo. Qué diferente habrá en su historia como para haber divergido tanto de eso común inicial que éramos todos en el comienzo.
Pero ahora no sé qué me quiero decir con esa bolita del codo herida. En las heridas el viento sopla con más fuerza; forma de llamarme. Quizás me dice que mire afuera, que allá está él. No puedo creer que mi enemigo siga siendo el mundo y que ahora que me quiero conocer tendré que dirigirme a afuera.
En momentos cómo éste pienso que no estoy solo aunque haya renunciado a ese sol y ese cielo infantil del exterior. Dentro de mí no estoy solo, y eso me asusta aún más. Mi soledad ha sido mi forma de refugiarme, de defenderme de un mundo que yo no he querido aceptar. Mi soledad ha sido la única que no me juzga y que no espera nada de mí. Cuando me da la gana puedo serle infiel incluso, y mira que bonita ella, no dice nada. Me acoge igual cuando recaigo y me acaricia en la forma en la que un gato.
Pero no estoy solo, y no se trata únicamente de las bolitas del codo. En mi ocurren batallas, amores, ocurre vida que no tiene que ver con otros. Ellos lo suscitan, claro, pero después de esa semilla inicial ellos no saben nada, ellos desaparecen y yo me quedo con su huella dentro de mí, que crece, cambia, vive.
Dentro de mí se desarrolla una versión paralela del mundo, una interpretación de la historia que no se ha escrito y cambia con cada nuevo suceso; historia viva. La realidad ya no me recuerda, ni los seres que amé saben de mí. Los queridos u odiados de mi niñez ni siquiera saben o recuerdan por qué lo son. Yo me los tragué, me los trago enteros para construir este reino dentro de mí, pero ha crecido tanto que ya no me pertenece por completo.
Cuando lo supe empecé a descubrir que el reino en mí no era sólo lo que conocía. Había una parte que había venido creciendo sin que yo lo supiera y que hoy es mi yo que se me opone.
Por un tiempo pensé que debía combatir a este intruso, que el reino conocido debía ser el único existente, pero años de guerras interminables, con-mi(e)go como la única victima, me han convencido de renunciar a tales empresas. Hoy quiero hablar con él, conocerlo. Qué diferente habrá en su historia como para haber divergido tanto de eso común inicial que éramos todos en el comienzo.
Pero ahora no sé qué me quiero decir con esa bolita del codo herida. En las heridas el viento sopla con más fuerza; forma de llamarme. Quizás me dice que mire afuera, que allá está él. No puedo creer que mi enemigo siga siendo el mundo y que ahora que me quiero conocer tendré que dirigirme a afuera.
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