sábado 3 de octubre de 2009

mi muerte y el budismo

lo estoy sintiendo de nuevo. al inicio del día era un no-sabía-qué que ignoré por tener que ir a trabajar. ahora que estoy "trabajando", tengo el suficiente tiempo para pensar en lo que siento. sé que tiene que ver con escribir. ésta fue la primera luciernaga ideal que por su brillo me dejó atizbar lo que siento.

ésta es de las veces en que primero escribo el cuerpo del texto y despues el título. escribir de esa forma para la universidad es algo que me ha traído problemas; finalmente he terminado por diferenciar la academía de mis creaciones. es como si lo que sala de mis dedos en momentos sensibles fuera todo lo contrario a lo que la civilización demanda de mí. vivir en este mundo se me figura en estos momentos como lo contrario a vivir en mí, no sé ellos por qué se exluyen así, odio las dualidades y pienso con un poco de esperanza que en algún lugar del oriente hay existencias sin esta división.

al decirlo pienso en el budismo. esta historia se remonta a mi niñez y lo que entonces llamaba caricaturas. en verdad eran en su mayoría animaciones japonesas. éstas, poco a poco, me llevaron a conocer a los samurai. en la figura de los samurai que el anime había forjado en mí me gustaba su relación con la muerte. el hecho de que alcanzar su plenitud en el arte con la espada coincidiera con la aceptación de la muerte me dejó fascinado y con la curiosidad excitada.

más tarde, al conocer el budismo (esa "religión" de la que hablaban las obras japonesas) me dí cuenta de que esa relación particular con la muerte, con buscar la liberación de las pasiones que atan a este mundo para alcanzar un estado superior, provenían de allí.

en el budismo ví algo que no había visto en ningun otro lugar. ví la muerte que se busca, la muerte solemne. me fascinó la forma en que en ciertos momentos de la existencia estas personas -pienso en personajes comunes en literatura que tras una perdida importante- decidían entregarse por completo a esta meditación sobre la impermanencia, lo efimero de esta vida o de lo bello y, por tanto, sobre el fin de esas expresiones, la muerte. en el caso de los samurai la pregunta por la muerte tenía más que ver con el sentido de su profesión o con la fragilidad con que es permeada su existencia al estar al borde de la muerte en cada combate.

el budismo me enseñó a enamorarme de la muerte, me mostró ese lado de la vida que en mi entorno por lo general se evita o se deposita en manos de un otro con D mayuscula. la muerte, ha sido como mi virgilio en la exploración de este infierno que vivimos. ella me muestra, me comenta; ella me ilustra con sus infinitas experiencias por estos parajes, y luego me recuerda que tengo que regresar. dejar la contemplación a su lado y regresar a este mundo. lo que he visto ha llenado mis ojos de tanta humanidad que los hombres ya no son sólo hombres cuando los miro. me queda la compasión con las almas ajenas de la que la muerte me ha provisto -y continúa.

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