hoy me reuní con los muchachos por primera vez. no todos nos conocíamos entre nosotros, pero un fin común nos había convocado esa noche: cambiar a los colombianos. entendíamos por colombianos la media de personas que podían sostener una conversación con las ultimas polemicas del país, ya en espectáculo, ya en política (la forma de tratar esta no difería demasiado de la primera). queríamos ponerlos a pensar, queríamos que en sus conversaciones diarias ellos pudiera decir más que la parafrasis de palabras ajenas (los generadores de opion, por lo general en mdios masivos).
ahora bien, aunque el fin estaba claro, no lo estaba tanto la forma en que llevaríamos a cabo tal proeza. uno de los integrantes de la reunion propuso que el propio razonamiento de nuestra realidad se despertaba esencialmente con preguntas. es decir, debíamos encontrar modos de hacerles llegar preguntas, preguntas que hagan tambalear la lógica que ellos acceptan para comprender el mundo y, así, inducirlos a formular una explicación propia para esa realidad cuestionada que ya no podría más ser comprendida con el antiguo legado de los generadoeres de opinion.
por otro lado, uno más de los presentes añadió que esta propuesta asumía que las personas aceptarían este cuestionamiento, cosa que no siempre se daba en nuestro medio, en el que lo que más se busca es la tranquilidad y, por tanto, una explicación más o menos simple que se las ofresca, si bien no profunda o crítica o como se la mirase.
parecía, desde ese momento, que cualquier plan que propusieran para cambiar esa mentalidad colombiana tendría que lidiar primero con esa conformidad que parecía axioma.
lamentablemente, en este punto yo me tuve que ir. aun me sigo preguntado por mostrarles a los colombianos que la ortodoxia no es la única forma de comprender una realidad. por ahora, sólo me queda esperar a encontrarme con uno de los participantes allegados que recuente el resto de esa primera noche del grupo (por lo pronto sin nombre).
sábado, 12 de septiembre de 2009
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