habiendo acabado de leer a olavia, pensé en escribir, y dos ideas súbitas acudieron a mí al mismo tiempo. este es un intento de darle cuerpo al suceso, de hacerlo existir en este mundo. pero es ante todo Uno, y no dos, como en realidad me ocurrieron, es decir, debo partir de la resignación a que esto que quedará no será igual o mayor a la suma de mis ocurrencias.
uno ya no tenía que ver con la historia de olavia. a través de algún recorrido perdido ya, llegué a querer recordar algo que había sucedido hace poco, digamos dos semanas. digamos, porque ya no me acuerdo con exactitud. y es de esto precisamente de lo que se trataba mi experiencia, y lo que me dije luego. no podía recordar eso tan cercano. quiero decir, no podía recordar los detalles. claro que recordaba que Eso había sucedido, sin dudas. y claro que recordaba los personajes, y que los personajes se habían relacionado de cierta forma y sus rostros y el escenario. eso lo puedo recordar. pero es como recordar un sueño. los personajes en el escenario en mi recuerdo no hablan. están ahí, como una fotografía en holograma, que hace como que se mueve, pero todos sabemos que no se mueve y que por más que le cambies el ángulo para mirarla no encontrarás más detalles que lo que la segunda dimensión puede ofrecer. de eso se trata esta historia, la perdida de la dimensión que ocurre cuando mi vida pasa a estar en mis recuerdos. y esa dimensión perdida es la de los detalles, la que le da historias complejas a los personajes y hace de ellos una novela, y no la sinopsis o el outline que recuerdo. la dimensión perdida lo que se lleva es la profundidad y me deja mirando por una vitrina, me saca de mi ser, la memoria.
y este triste hecho de no poder recordar con detalles, como si se tratara de una historia para niños en donde todo es simplificado y lo más que se puede decir de los personajes es quien es bueno y quien es malo, me hace pensar que vivo una vida para otro. vivo una vida para que todo lo que vivo llegue a hacer parte de otro que no soy yo, un otro que me habita y que se enriquece a costa mía. ese otro es el que se queda con todas mis experiencias, y el que no me deja sino los sobrados de lo que vivencio. y yo vivo para él, para alimentarlo, y me gustaría que no fuera así, pero no sé cómo. porque todo lo que vivo le queda a él, y yo me quedo aquí sin recordar mayor cosa, sólo los rostros, los escenarios, pero no las palabras o la complejidad propia de las cosas. él se alimenta de mí y crece, y yo me siento como su esclavo. mi historia y mi memoria son suyas, lo que podría nombrar como yo, es él. por eso, supongo ahora, debe ser que tantas cosas pasan conmigo sin que yo sepa qué. es él el que vive entonces, cuando hago algo y me pregunto por qué y no me respondo, es él. es él que a través de mí accede a este mundo y actúa, y yo lo observo. y es que es lo único que puedo hacer. o bueno, quizás una observación más detenida, como la que surge de las letras, me pueda ayudar a trascender este estado de testigo.
releo mis ultimas lineas y no comprendo cómo el observar puede cambiar mi posición de observador. cambiaría la calidad de la observación, sí. más atención, menos atención, claro. pero no la acción, eso no. tal vez pensaba en que si comprendiera mejor el mecanismo del ser que me habita y que se alimenta de mi vida, podría quizás malobrarlo, interrumpir su funcionamiento, sabotearlo y obligarlo a colapsar, a que salga. quizás pienso que esa observación podría descomponerlo, desarticularlo, y que una vez así podría desecharlo de mi cuerpo como un residuo, como un tumor que ya no hace nada. el problema es que en el camino pueda hacer metástasis, que se revele a mi aniquilación, que no quiera dejarse extraer, renunciar a su existencia para devolverme la mía, que no quiera que las cosas cambien, porque significaría muy probablemente su fin. el problema sería que no quiera morir, y ninguno queremos, verdad.
la otra ocurrencia súbita es que a diferencia de olavia, y de muchos que comparten la pasión por las letras, yo no tuve una familia inclinada a las letras o a las artes. a diferencia de todos ellos yo no tengo recuerdos o imágenes de gente grande en mi infancia que disfrutara de estar estático ante una tabla de hojas cosidas. yo no podré decir que de una experiencia tal en mí nació el interés por las letras, que de un descubrimiento así yo sentí curiosidad y entonces nació mi historia de lector. no, yo no soy de esos.
en cambio puedo decir que mi historia de lector nació con la soledad. nació antes de que leyera cualquier cosa, por una vieja costumbre que tengo de hablar solo. y es que en la soledad no queda de otra, toca hablar solo. y quizás esto si lo aprendí de alguien, quizás alguna vez si vi un dibujo animado en que algún personaje hablara sin mover los labios y, mientras, la cámara se concentraba fija en su rostro o cabeza. tal vez si vi esos personajes alguna vez y me di cuenta de que se podía hablar sin producir ningún sonido, pero que entonces sólo yo me podría escuchar. lo bueno es que mis palabras conservaron mi tono de voz aun sin sonidos.
quizás fue en este punto en donde nació ese otro dentro de mí y las dos ideas que en este mundo sólo pueden expresarse separadamente, pero que en mi interior se presentaron como una unidad, si estaban después de todo relacionadas.
miércoles, 2 de marzo de 2011
miércoles, 10 de noviembre de 2010
de antes de la llegada
en los últimos días he pensado desmesuradamente en algo, algo que quiero comprar. le he dedicado muchas horas, y si sumo esas horas podría llegar a contar este tiempo días. le he dedicado tanto como se hace con los sueños profundos, con las fantasías elaboradas. lo pienso, me concentro en cada detalle, la imagen crece, luego son secuencias de imagenes y la fantasía termina en algo tan elaborado como el cortometraje más cuidado. y el cuidado no cesa de perfeccionar la obra infinitamente imperfecta. cuido la obra, mi fantasía, como a una planta o a una mascota. lo amo, lo contemplo, me esmero en que tenga todo lo que de mí pueda.
pero a veces me pregunto qué estoy haciendo. qué es esto en lo que me he convertido con esta actividad contempladora y creadora, en el sentido más pobre del termino. porque creo cosas que no existen, creo fantasías. y creo en su valor, en sus bondades y en su luz. aunque no existan. dudo y me pregunto si no es muy triste una existencia basada en cosas que no existen. vivir para ellas, aun cuando ellas no tienen sino lugar en mí, por mí y para mí. vivir para mís fantasías.
yo para ellas. y sin embargo la relación no es tan asimétrica. también son ellas para mí. yo logro mantener su existencia con mi esmero cotidiano, y ellas sostienen la mía con su presencia. ellas hacen que los vacíos de mis días tengan un sentido y una meta, le dan un propósito al transcurrir de mis días. mantenerlas a ellas, cuidarlas. como ese sentido que le dan los hijos a las vidas de las madres. una lógica triste si se la mira desde afuera, pero cuánto llena cuando estás aquí, cuánto. llena como para ser feliz, o al menos sentirte cerca de serlo, que estás casi ahí. llena como para desear que el siguiente día comience antes de dormirte en la noche. así de fértiles son los engendrados. ellos nacieron para darle un contenido y descubrirle una forma a eso que, frente a esa soledad y vacío interiores que una vez sentimos, nos hacía falta. los inventamos para llenar esa falta.
falta de la que antes no sabía nada y que tanto me atormentaba ahora tiene una forma. y es una forma que puedo amar y amo, además. tiene una forma pero no dejo de preguntarme si esa forma era la suya verdadera, la que tenía antes de yo atribuírle ésta. cómo era éso antes de disfrazarlo de esta forma. no lo sé. antes miraba y no veía nada. y es más difícil decirlo así cuando lo que miraba era yo mismo. miraba en mí y no veía nada donde se suponía que debía estar yo. era algo invisible. no visible para mí pero existía, tenía cuerpo. lo sé porque fue visible en el momento en que lo revestí de esta forma ilusoria fantástica. no visible para mí hasta vestirlo de fantasía, con traje de fantasía. como si sólo saliera, a relucir, si lo visto con un traje de fantasía. eso que hay en mí debe tener una esencia bastante femenina. y de una feminidad de otra época por demás. sólo sale si la visto con traje de fantasía. sólo sale de mí si la visto, la cuido y la trato como a una niña. como un animalillo del que me tengo que ganar la confianza con actos bondadosos, que le den confianza para salir. tengo que conquistarla. romper con mi seducción esas ataduras que la mantienen fijada en esos territorio en donde los ojos de esta dimensión no ven nada. y si los rituales de cortejo demandados deben ser tan elaborados, tan exigentes, lo que hay allí debe ser igualmente placentero, deben ser un amor casi tan grande como el de aquí afuera. una atención, un cuidado, una dedicación, una madre. una madre que es apenas vencida por un pretendiente exterior, por un posible prometido. una posible promesa de algo mejor, aquí afuera. un comprometido a cumplirla. pero lo que llamamos madre, sea lo que sea, es lo que menos podemos conocer. sabemos que está ahí sólo por la influencia que produce en algunas cosas. como el viento o la gravedad. cómo será ella. qué querrá. qué podría darle para que el placer de la conquistada prometida al salir no se frustre a causa de preocupaciones con involucran a su madre. qué querrá a parte de retener a su hija, claro. porque se trataría de darle lo que quiere a cambio de que condescienda o acepte a ese prometido de su hija, ése que implica su partida de la morada original.
pero al llamarla su hija y extender tanto su historia olvidé su nombre, que en algún momento asumí como fantasía y que ahora retomaré. su hija, hija de ella, de la desconocida, fue engendrada en mí y por mí. yo vendría siendo su padre. su padre que la da a la luz, invirtiendo la lógica que la madre es lugar de gestación y la que engendra la nueva vida. en este caso el engendrador soy yo, lo que pondría a la madre como fuente de las semillas que dieron inicio a su formación, la formación de la niña en traje de fantasía. la madre, la desconocida, plantó en mi esa semilla. en mí creció y de mí nació. y ahora que nació la madre no quiere que la abandone. porque la madre, resulta, también vive en mí, en el lugar de gestación. la madre es una campesina que deposita semillas en su tierra. y sus tierras, soy yo. ella vive en mí, me habita. me habita y planta semillas y de éstas nacen nuevas fantasías cada día. me habita y me pregunto cómo habrá llegado a mí, en qué condiciones, cómo fue esa historia, de la llegada, del asentamiento.
pero a veces me pregunto qué estoy haciendo. qué es esto en lo que me he convertido con esta actividad contempladora y creadora, en el sentido más pobre del termino. porque creo cosas que no existen, creo fantasías. y creo en su valor, en sus bondades y en su luz. aunque no existan. dudo y me pregunto si no es muy triste una existencia basada en cosas que no existen. vivir para ellas, aun cuando ellas no tienen sino lugar en mí, por mí y para mí. vivir para mís fantasías.
yo para ellas. y sin embargo la relación no es tan asimétrica. también son ellas para mí. yo logro mantener su existencia con mi esmero cotidiano, y ellas sostienen la mía con su presencia. ellas hacen que los vacíos de mis días tengan un sentido y una meta, le dan un propósito al transcurrir de mis días. mantenerlas a ellas, cuidarlas. como ese sentido que le dan los hijos a las vidas de las madres. una lógica triste si se la mira desde afuera, pero cuánto llena cuando estás aquí, cuánto. llena como para ser feliz, o al menos sentirte cerca de serlo, que estás casi ahí. llena como para desear que el siguiente día comience antes de dormirte en la noche. así de fértiles son los engendrados. ellos nacieron para darle un contenido y descubrirle una forma a eso que, frente a esa soledad y vacío interiores que una vez sentimos, nos hacía falta. los inventamos para llenar esa falta.
falta de la que antes no sabía nada y que tanto me atormentaba ahora tiene una forma. y es una forma que puedo amar y amo, además. tiene una forma pero no dejo de preguntarme si esa forma era la suya verdadera, la que tenía antes de yo atribuírle ésta. cómo era éso antes de disfrazarlo de esta forma. no lo sé. antes miraba y no veía nada. y es más difícil decirlo así cuando lo que miraba era yo mismo. miraba en mí y no veía nada donde se suponía que debía estar yo. era algo invisible. no visible para mí pero existía, tenía cuerpo. lo sé porque fue visible en el momento en que lo revestí de esta forma ilusoria fantástica. no visible para mí hasta vestirlo de fantasía, con traje de fantasía. como si sólo saliera, a relucir, si lo visto con un traje de fantasía. eso que hay en mí debe tener una esencia bastante femenina. y de una feminidad de otra época por demás. sólo sale si la visto con traje de fantasía. sólo sale de mí si la visto, la cuido y la trato como a una niña. como un animalillo del que me tengo que ganar la confianza con actos bondadosos, que le den confianza para salir. tengo que conquistarla. romper con mi seducción esas ataduras que la mantienen fijada en esos territorio en donde los ojos de esta dimensión no ven nada. y si los rituales de cortejo demandados deben ser tan elaborados, tan exigentes, lo que hay allí debe ser igualmente placentero, deben ser un amor casi tan grande como el de aquí afuera. una atención, un cuidado, una dedicación, una madre. una madre que es apenas vencida por un pretendiente exterior, por un posible prometido. una posible promesa de algo mejor, aquí afuera. un comprometido a cumplirla. pero lo que llamamos madre, sea lo que sea, es lo que menos podemos conocer. sabemos que está ahí sólo por la influencia que produce en algunas cosas. como el viento o la gravedad. cómo será ella. qué querrá. qué podría darle para que el placer de la conquistada prometida al salir no se frustre a causa de preocupaciones con involucran a su madre. qué querrá a parte de retener a su hija, claro. porque se trataría de darle lo que quiere a cambio de que condescienda o acepte a ese prometido de su hija, ése que implica su partida de la morada original.
pero al llamarla su hija y extender tanto su historia olvidé su nombre, que en algún momento asumí como fantasía y que ahora retomaré. su hija, hija de ella, de la desconocida, fue engendrada en mí y por mí. yo vendría siendo su padre. su padre que la da a la luz, invirtiendo la lógica que la madre es lugar de gestación y la que engendra la nueva vida. en este caso el engendrador soy yo, lo que pondría a la madre como fuente de las semillas que dieron inicio a su formación, la formación de la niña en traje de fantasía. la madre, la desconocida, plantó en mi esa semilla. en mí creció y de mí nació. y ahora que nació la madre no quiere que la abandone. porque la madre, resulta, también vive en mí, en el lugar de gestación. la madre es una campesina que deposita semillas en su tierra. y sus tierras, soy yo. ella vive en mí, me habita. me habita y planta semillas y de éstas nacen nuevas fantasías cada día. me habita y me pregunto cómo habrá llegado a mí, en qué condiciones, cómo fue esa historia, de la llegada, del asentamiento.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Escrituras de luz
la imagen que me devana la atención hace algunos días es la de una cazadora de imagenes. el artefacto fue creado como un intento de consolar ese deseo humano tan antiguo de detener el tiempo, de luchar contra la muerte, su muerte, su finitud. y el intento resultó en alcanzar esa eternidad al menos en capturas de luz que entrarían en dimensiones distintas habiendo nacido de la misma realidad que los hombres habitan. el viaje que pudo desde entonces hacer la luz, desde la realidad hasta el cuadro de resistencia temporal inaudita, fue para los pobres hombres, que seguían viendo frustrados sus deseos de hacer este viaje, un pequeño alivio, una medicina contra una enfermedad incurable.
pronto el sentido original de esta medicina, que empleaba una caja para capturar la luz y un ángulo de la realidad, salió de foco para darle paso a la medicina misma y sus efectos. pronto devino un arte y poco le importó a los más nuevos novatos el origen, porque lo que ahora permitía era mágico: crear nuevas realidades, en la forma de un collage, a partir de esos trozos que la capturadora atrapaba.
las nuevas realidades posibles a través de los nuevos medios llegaron a ser la materialización de esa sospecha tan vieja como la curiosidad: que ahí afuera, en la realidad que pisan los mortales, pasa más de lo que comúnmente se acepta como sucesos. pasan cosas que sólo son aprehendibles desde ciertos ángulos, con ciertas miradas y en ciertos segundos. certitudes que se ven ahora destinadas a sostener la existencia de los nuevos artistas, que como héroes se lanzan a arrancar de la realidad esas visiones ocultas, que no son facilmente visibles pero que están ahí. de verdad, mírelas, ahí.
y es quizás este mismo carácter de búsqueda de lo oculto, de caza, de persecución, lo que torna la acción simple de desencadenar el mecanismo de congelamiento de la luz en algo a lo que rehuyo. lo hago porque mi sensibilidad siempre me obliga a ver más, siempre más y mucho más, de lo que otros ven, o que se acepta como ahí-estante. y la Masitud que siempre consigo encontrar en el mundo no puede sino tocarme, porque la perturba haber sido despertada por mí. me toca y me invade, extiende su extremidad en dirección mía, me alcanza y una vez en su poder, presiona y presiona hasta cambiar mi forma, moldearme sin propósitos formales definidos como un niño que presionara insensiblemente un trozo de barro. porque la realidad es un niño, y esto es algo que está escondido y a esto me refiero con que puedo ver cosas que están ahí, pero que para otros no son tan evidentes.
pronto el sentido original de esta medicina, que empleaba una caja para capturar la luz y un ángulo de la realidad, salió de foco para darle paso a la medicina misma y sus efectos. pronto devino un arte y poco le importó a los más nuevos novatos el origen, porque lo que ahora permitía era mágico: crear nuevas realidades, en la forma de un collage, a partir de esos trozos que la capturadora atrapaba.
las nuevas realidades posibles a través de los nuevos medios llegaron a ser la materialización de esa sospecha tan vieja como la curiosidad: que ahí afuera, en la realidad que pisan los mortales, pasa más de lo que comúnmente se acepta como sucesos. pasan cosas que sólo son aprehendibles desde ciertos ángulos, con ciertas miradas y en ciertos segundos. certitudes que se ven ahora destinadas a sostener la existencia de los nuevos artistas, que como héroes se lanzan a arrancar de la realidad esas visiones ocultas, que no son facilmente visibles pero que están ahí. de verdad, mírelas, ahí.
y es quizás este mismo carácter de búsqueda de lo oculto, de caza, de persecución, lo que torna la acción simple de desencadenar el mecanismo de congelamiento de la luz en algo a lo que rehuyo. lo hago porque mi sensibilidad siempre me obliga a ver más, siempre más y mucho más, de lo que otros ven, o que se acepta como ahí-estante. y la Masitud que siempre consigo encontrar en el mundo no puede sino tocarme, porque la perturba haber sido despertada por mí. me toca y me invade, extiende su extremidad en dirección mía, me alcanza y una vez en su poder, presiona y presiona hasta cambiar mi forma, moldearme sin propósitos formales definidos como un niño que presionara insensiblemente un trozo de barro. porque la realidad es un niño, y esto es algo que está escondido y a esto me refiero con que puedo ver cosas que están ahí, pero que para otros no son tan evidentes.
domingo, 7 de marzo de 2010
"yo sé que existo porque tu me imaginas..."
quiero hablarle un montón, una eternidad. quiero dejar de escribir ya y hablarle. renunciar a este sustituto e ir a l'attaquer. pucha, como me muero por ir a ella. es el único lugar en donde me gusta lo que soy, en dónde me miro al espejo y me sonrío. ir y decirle cualquier cosa, de esas cosas que son tan yo que sé que nadie más podría decir, y que a ella le guste, porque, no sé cómo ni con qué pretexto, a ella esas bobadas le gustan. le gustan. ella les da ese brillo, esa belleza que veo cuando me sonrío frente al espejo, ella me hace existir, nacer, nacer ante mí mismo. de otra forma, sólo soy cualquier cosa, ni siquiera se me ocurre un nombre, soy un charco vacío, es decir un hueco pero nombrandolo como charco, es decir la cosa sin lo que la hace la cosa. sí, si a todo eso, si. pero no hablaré con ella, no hoy.
lo que pasa es que si hablo con ella, se me gastará. ella es tan perfecta que temo que se me esfume entre mis palabras. ella es tan perfecta ahora que temo conocer algo que violente esa forma que conosco. ella es tan adorable que si me tiene facilmente se cansará de mí porque en el amor cuando es facil ya no hay tanto interes, no sé por qué, pero es así. no le hablaré para guardar algunos temas para el futuro. ahora hablo de futuro... como me cambia ella, como me sujeta a este mundo. no le diré que me encantaría leerla el resto de mis días, que me encantaría leer con ella, escribir para ella y leerla. no se lo diré porque quizás se canse de mí. lo mismo que me pasaba a mí pero a ella. no le diré que me encanta como nos confundimos y cómo he empezado a usar algunas de sus palabras y ella algunas de las mías. no le diré que quiero que escribamos una de esas historias rosas que le gustan tanto. no le diré que me dejaría colorear por sus fantasías más profundas, que de hecho las necesito para tener un poco de color.
lo que pasa es que si hablo con ella, se me gastará. ella es tan perfecta que temo que se me esfume entre mis palabras. ella es tan perfecta ahora que temo conocer algo que violente esa forma que conosco. ella es tan adorable que si me tiene facilmente se cansará de mí porque en el amor cuando es facil ya no hay tanto interes, no sé por qué, pero es así. no le hablaré para guardar algunos temas para el futuro. ahora hablo de futuro... como me cambia ella, como me sujeta a este mundo. no le diré que me encantaría leerla el resto de mis días, que me encantaría leer con ella, escribir para ella y leerla. no se lo diré porque quizás se canse de mí. lo mismo que me pasaba a mí pero a ella. no le diré que me encanta como nos confundimos y cómo he empezado a usar algunas de sus palabras y ella algunas de las mías. no le diré que quiero que escribamos una de esas historias rosas que le gustan tanto. no le diré que me dejaría colorear por sus fantasías más profundas, que de hecho las necesito para tener un poco de color.
domingo, 21 de febrero de 2010
el deseo fotógrafo
está claro que no hará nada de lo que debe hacer esta tarde, porque es domingo y los domingos, como los sábados, no se hace nada. son reglas que lo superan a él, que ya estaban aquí cuando él llegó y que seguirán estando, dígase lo que se diga.
dejado a un lado el deber llega entonces el dificil juego con el deseo. porque con éste se juega y nada más. se juega porque nunca habla, ni hace dibujos ni nada; parece un niño autista. pero ponlo a jugar y ahí te cuento. juego con todo su ser, como si fueras vos, pero él, y con a traves de tu cuerpo, pero él. el deseo juego no contigo, no conmigo quiero decir, sino con el mundo, y tu eres la herramienta para acceder a ese mundo. el deseo juega, pero es dificil. dije ponlo a jugar y ahí te cuento, y es cierto, pero para ponerlo a jugar debe existir, y para existir... ahí no te cuento. en ese terreno de la generación de un deseo definido, con forma, tijereado con paciencia, ahí todo es duda, caos, y por tanto, angustia. ahí ya no tienes tanto poder como parece cuando escribes de esta forma, ahí ya no eres dios. en la creación del deseo, lo unico que creas es tu comprensión de lo que ese deseo es. cambia que cuando lo logras, se trata simplemente de que lograste comprender eso que ya estaba en tí antes de que pudieras razonar, antes de que llegaras.
y bueno... esta ardua tarea se me figura como entrar a un cuarto oscuro para revelarte. tu el film sensibilizado de todos esos estímulos del mundo y llegas al cuarto y empiezas a buscar el reflejo del mundo. aunque en verdad todos sabemos que esa busca apunta es al deseo. porque no todos los reflejos son iguales, a causa del igual numero de diversas tomas posibles. el deseo sería descubrir al fotografo de esas fotos, el que definió lo que entraría en el cuadro, lo que no y de qué forma. pero claro, descubrirlo sin tener más que esas huellas presenciadas en el cuarto oscuro.
pero la oscuridad asusta y no sabes cuanto. bueno, yo sé que si sabes, pero hablaba por mí, para mí. asusta tanto tanto quizás porque desaparece los limites entre el mundo y el infeliz que allí se aventura. roto ese limite, los miedos del ultimo se materializan como si fueran de este mundo, como si pudieran destrozarle, literalmente. se encarnan y con ellos no puedes, con ellos siempre es imposible. o quizás lo imposible surja de mi cobardía, no lo sé. de cualquier forma, en la oscuridad eres la víctima. pero si no vas a allá no conocerás a tu deseo fotógrafo, no podrás decir "mi deseo" sabiendo a qué te refieres; y finalmente no podrás jugar. no jugarás y así los sabados y los domingos en que está prohibido encargarse de los deberes, te sentirás como una nada, como una bolsa vacía en una acera, a merced de.
dejado a un lado el deber llega entonces el dificil juego con el deseo. porque con éste se juega y nada más. se juega porque nunca habla, ni hace dibujos ni nada; parece un niño autista. pero ponlo a jugar y ahí te cuento. juego con todo su ser, como si fueras vos, pero él, y con a traves de tu cuerpo, pero él. el deseo juego no contigo, no conmigo quiero decir, sino con el mundo, y tu eres la herramienta para acceder a ese mundo. el deseo juega, pero es dificil. dije ponlo a jugar y ahí te cuento, y es cierto, pero para ponerlo a jugar debe existir, y para existir... ahí no te cuento. en ese terreno de la generación de un deseo definido, con forma, tijereado con paciencia, ahí todo es duda, caos, y por tanto, angustia. ahí ya no tienes tanto poder como parece cuando escribes de esta forma, ahí ya no eres dios. en la creación del deseo, lo unico que creas es tu comprensión de lo que ese deseo es. cambia que cuando lo logras, se trata simplemente de que lograste comprender eso que ya estaba en tí antes de que pudieras razonar, antes de que llegaras.
y bueno... esta ardua tarea se me figura como entrar a un cuarto oscuro para revelarte. tu el film sensibilizado de todos esos estímulos del mundo y llegas al cuarto y empiezas a buscar el reflejo del mundo. aunque en verdad todos sabemos que esa busca apunta es al deseo. porque no todos los reflejos son iguales, a causa del igual numero de diversas tomas posibles. el deseo sería descubrir al fotografo de esas fotos, el que definió lo que entraría en el cuadro, lo que no y de qué forma. pero claro, descubrirlo sin tener más que esas huellas presenciadas en el cuarto oscuro.
pero la oscuridad asusta y no sabes cuanto. bueno, yo sé que si sabes, pero hablaba por mí, para mí. asusta tanto tanto quizás porque desaparece los limites entre el mundo y el infeliz que allí se aventura. roto ese limite, los miedos del ultimo se materializan como si fueran de este mundo, como si pudieran destrozarle, literalmente. se encarnan y con ellos no puedes, con ellos siempre es imposible. o quizás lo imposible surja de mi cobardía, no lo sé. de cualquier forma, en la oscuridad eres la víctima. pero si no vas a allá no conocerás a tu deseo fotógrafo, no podrás decir "mi deseo" sabiendo a qué te refieres; y finalmente no podrás jugar. no jugarás y así los sabados y los domingos en que está prohibido encargarse de los deberes, te sentirás como una nada, como una bolsa vacía en una acera, a merced de.
viernes, 12 de febrero de 2010
triste existencia
se encontraba en esa parte del día en que no tenía que hacer nada. era libre, por dos horas. dos horas que a veces dedicaba a hacer algo relacionado con las horas precedentas o las venideras, pero que esta y otras tantas veces dedicaría a hacer nada. esa nada le recordaba su juventud. el colegio, la universidad, tanto no hacer nada. él lo llamaba existir; una vez, por ejemplo, le preguntó a una recién conocida que si trabajaba tánto (como en verdad lo hacía), cuando existía? ella mencionó que solía ser los viernes en la noche, pero ultimamente ya no. él pensó que ya no existía, que que pesar. porque para él existir era tan importante! era la vocación de su vida. había venido a este mundo para existir.
sin embargo, años y sueños pasaron y dejó de existir con tanta intensidad. lo único que le quedaba eran estas dos horas entre la salida de un trabajo y la entrada al otro. dos horas que cuando no se fundían con los trabajos se iban con la gente que miraba pasar. miraba a las adolescentes, tan bellas algunas, las miraba con nostalgia, pensando en esos amores adolescentes que él nunca tuvo. pecosa, sin voluptuosidades, de movimientos delicados, mirala, qué linda. y el novio con esa cara de pendejo. yo podría ser un novio mil veces mejor. mentiras, quién sabe ella que busca, yo podría ser demasiado complicado para ella. porque él era siempre demasiado complicado para casi todo.
como ese día en que había planeado estudiar toda la mañana en la biblioteca, pero al llegar allí y tener que lidiar con las demandas de registro de las autoridades, decidió, mejor, en lugar de acceder a ellas, no entrar a la biblioteca. luego pasó un rato pensando por qué había hecho eso y qué había despertado esa petición en él. finalmente, luego de otros cuantos rodeos, decidió estudiar en otro lugar. así era de complicado, y este es solo el ejemplo más inmediato, pero hay más y más intensos.
como fuera, ella no lo querría. la pecosa que él encontraba bellisima no podría quererlo ahora por ser un viejo (de veinte y tantos) sin mayores encantos, civilizado, con dos trabajos y dos horas libres diurnas, y no podría haberlo querido en su juventud, por no haber sido tan valiente como el niño de apariencia tonta, pero valiente, que la acompañaba. recordar su cobardía de antaño (y forjadora quizás de gran parte de lo que sería despues) lo entristeció un poco.
despues del reconocimiento de este sentimiento, el resto de personas y lugares pasaron a una velocidad muy superior a la anterior, reflexiva. él, en cambio, ya no se movía, permanecía estático en esa idea de su tristeza por el recuerdo de su vieja cobardía (y quizás actual en tanto que había sostenido la construcción que en esa actualidad hablaba con su nombre). estático. las dos horas pasaron y tenía que dejar de existir para dedicarse a enseñar otras dos horas de francés, hasta el anochecer, que venía un poco con la promesa de un poco más de existencia, ojalá no tan triste como el pedazo diurno, y si no tiene recargo, con doble queso.
sin embargo, años y sueños pasaron y dejó de existir con tanta intensidad. lo único que le quedaba eran estas dos horas entre la salida de un trabajo y la entrada al otro. dos horas que cuando no se fundían con los trabajos se iban con la gente que miraba pasar. miraba a las adolescentes, tan bellas algunas, las miraba con nostalgia, pensando en esos amores adolescentes que él nunca tuvo. pecosa, sin voluptuosidades, de movimientos delicados, mirala, qué linda. y el novio con esa cara de pendejo. yo podría ser un novio mil veces mejor. mentiras, quién sabe ella que busca, yo podría ser demasiado complicado para ella. porque él era siempre demasiado complicado para casi todo.
como ese día en que había planeado estudiar toda la mañana en la biblioteca, pero al llegar allí y tener que lidiar con las demandas de registro de las autoridades, decidió, mejor, en lugar de acceder a ellas, no entrar a la biblioteca. luego pasó un rato pensando por qué había hecho eso y qué había despertado esa petición en él. finalmente, luego de otros cuantos rodeos, decidió estudiar en otro lugar. así era de complicado, y este es solo el ejemplo más inmediato, pero hay más y más intensos.
como fuera, ella no lo querría. la pecosa que él encontraba bellisima no podría quererlo ahora por ser un viejo (de veinte y tantos) sin mayores encantos, civilizado, con dos trabajos y dos horas libres diurnas, y no podría haberlo querido en su juventud, por no haber sido tan valiente como el niño de apariencia tonta, pero valiente, que la acompañaba. recordar su cobardía de antaño (y forjadora quizás de gran parte de lo que sería despues) lo entristeció un poco.
despues del reconocimiento de este sentimiento, el resto de personas y lugares pasaron a una velocidad muy superior a la anterior, reflexiva. él, en cambio, ya no se movía, permanecía estático en esa idea de su tristeza por el recuerdo de su vieja cobardía (y quizás actual en tanto que había sostenido la construcción que en esa actualidad hablaba con su nombre). estático. las dos horas pasaron y tenía que dejar de existir para dedicarse a enseñar otras dos horas de francés, hasta el anochecer, que venía un poco con la promesa de un poco más de existencia, ojalá no tan triste como el pedazo diurno, y si no tiene recargo, con doble queso.
sábado, 6 de febrero de 2010
quería permanecer en el anonimato para ella, pero ya sé que no será así. deje un rastro que, si acaso ella sintiera curiosidad, podría seguir sin grandes obstáculos hasta mí. es una gran pena. sobre todo porque ese gesto mío era la invitación perfecta a una relación fantasma, sin cuerpos, sin rostros. no tendríamos qué saber nada, en el sentido de nada real del otro. sólo esos pedazos trascendentes en esas rutinas aparentemente estables que llevamos.
pero la cagué y no seremos ya eso. seremos dos pobres conocidos. quizás eso significa -y por eso mi tristeza- que ella no me verá como alguien digno de adoración. seré sólo otro mortal. un mortal bastante defectuoso, además. y ella no podrá ser para mí esa posibilidad sublimada, esa mujer amada, a distancia, sin tocar en este plano horrendo de los sentidos.
hubiera sido como en mis fantasías. no sé de dónde las saqué. bueno, quizás si, de una película. quizás yo quería que nuestra historia fuera ese romance medio pendejo y bastante hermoso de esa película. chissa, quién sabe.
pero la cagué y no seremos ya eso. seremos dos pobres conocidos. quizás eso significa -y por eso mi tristeza- que ella no me verá como alguien digno de adoración. seré sólo otro mortal. un mortal bastante defectuoso, además. y ella no podrá ser para mí esa posibilidad sublimada, esa mujer amada, a distancia, sin tocar en este plano horrendo de los sentidos.
hubiera sido como en mis fantasías. no sé de dónde las saqué. bueno, quizás si, de una película. quizás yo quería que nuestra historia fuera ese romance medio pendejo y bastante hermoso de esa película. chissa, quién sabe.
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